Castro del Río en camper: tras las huellas de Cervantes entre olivos y murallas
Hay lugares en los que aparcar la furgoneta significa, literalmente, abrir las puertas a otra época. Eso fue lo que me ocurrió al llegar a Castro del Río, un rincón monumental abrazado por el río Guadajoz y rodeado por un mar infinito de olivos en el corazón de la Campiña Cordobesa.
Llegué a última hora de la tarde, cuando la luz dorada baña los cerros. Tras aparcar en el área municipal —un espacio cómodo, bien nivelado y con todos los servicios necesarios para llenar agua y vaciar depósitos—, me dispuse a explorar a pie este pueblo que respira historia en cada esquina.
1. El Barrio de la Villa: murallas, silencio y adoquines
Mi primera parada fue el histórico Barrio de la Villa. Cruzar bajo las antiguas puertas de la muralla es como presionar un botón de pausa en el tiempo. Me perdí sin prisa por sus callejuelas encaladas, adornadas con macetas y fachadas solariegas. Subiendo por sus pendientes llegué al Castillo y al Recinto Amurallado, donde se siente la herencia árabe y medieval de la zona. Desde sus puntos más altos, las vistas del horizonte andaluz son espectaculares.
2. La Cárcel de Cervantes: donde nació la leyenda
Como amante de la literatura, este era uno de los puntos que más ganas tenía de conocer. En pleno centro me encontré con el antiguo Ayuntamiento y la famosa Cárcel Real. En este mismo lugar estuvo preso Miguel de Cervantes a finales del siglo XVI debido a sus problemas como recaudador de impuestos. Sentarte allí e imaginar al ilustre escritor concibiendo entre esas paredes las primeras ideas de Don Quijote de la Mancha produce una emoción difícil de describir.
3. Arte sacro y ebanistería única
A solo unos pasos descubrí la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, una joya del siglo XIII reformada en siglos posteriores que domina el perfil del pueblo. Pero lo que realmente me sorprendió de Castro del Río fue su vertiente artesanal: entré en uno de sus tradicionales talleres de madera de olivo. Es increíble ver cómo los maestros ebanistas transforman los troncos rectificados en piezas artísticas, muebles y utensilios de cocina llenos de betas y vetas únicas.
4. El paseo por el río Guadajoz y el sabor local
Antes de volver a la camper, disfruté de un agradable paseo por la ribera del río Guadajoz, un entorno verde y fresco donde desconectar oyendo el fluir del agua. Para rematar el día, me acerqué a una taberna local para probar la gastronomía de la comarca: unas deliciosas albóndigas de carne de monte, un plato de bacalao bien frito y, por supuesto, un buen chorro de aceite de oliva virgen extra con D.O. Baena, acompañado por un vaso de vino fino de Montilla-Moriles.
Dormir al abrigo de la tranquilidad de Castro del Río y despertar con el canto de los pájaros sobre los campos de olivos convirtió esta parada en una de las mejores decisiones de mi ruta por Córdoba.

Mascotas
Si..

Parking
Si. Hay una estupenda área de autocaravas publica.

Agua
Si. en el área de autocaravanas.

Vaciado
Si.

Internet
La cobertura de internet es buena.

Aseos
No.

Electricidad
Si.

Duchas
No.

Lavandería
No.
















